20 años de "La Casa Rosada"

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Adriana Villegas Botero
 
 
Durante la 8° Feria del Libro de Manizales, que se celebró con éxito y nutrida asistencia a finales de septiembre en el Centro Cultural Rogelio Salmona, tuve la oportunidad de conversar con el escritor caldense Orlando Mejía Rivera sobre su primera novela, La Casa Rosada, que por estos días cumple 20 años de haber salido al mercado. 
 
Originalmente fue publicada en 1997 por la Universidad de Caldas, con un tiraje de mil ejemplares. Un año después su autor recibió el Premio Nacional de Novela por su obra Pensamientos de guerra, así que los mil ejemplares iniciales se agotaron pronto y la novela empezó a circular de mano en mano. La Casa Rosada nunca volvió a reeditarse y se volvió un libro imposible de conseguir hasta hace un mes, cuando su autor decidió publicarlo en versión electrónica en Amazon, en donde se encuentra disponible a menos de tres dólares, con tan solo dar un clic. 
 
En 1996 el acta del jurado del Concurso de Novela Icfes Cres Centro Occidente, firmada por Jorge Eliécer Pardo y Jaime Echeverry, definió La Casa Rosada como «una intensa novela cuyo tratamiento no sólo del lenguaje sino de los distintos aspectos de la cultura, la ubican dentro de las nuevas tendencias de la literatura de finales del presente siglo porque en ella se plantean temas que agobian a gran parte de los hombres de hoy y alertan a los del próximo milenio». 
 
La obra se construye a partir de fragmentos: hay monólogos de Carmen, Jorge y Guillermo, tres pacientes que padecen un virus que no se nombra y que se encuentran recluidos en la casa rosada. Estos textos se intercalan con fragmentos del diario del psicoanalista Pedro Fandiño, una introducción del amigo de Fandiño, un epílogo, una nota del editor Andrés Brad y las historias clínicas de los enfermos. El conjunto de estos fragmentos constituye un caleidoscopio que permite varias lecturas sobre la obra, según cómo se aborde.
 
La Casa Rosada es una novela sobre enfermos terminales. En eso se emparenta con La Montaña Mágica, de Thomas Mann, libro del que se ocupan varias páginas de la novela de Orlando Mejía. También cita a La Peste, de Albert Camus; La Metamorfosis, de Franz Kafka; Crimen y Castigo, de Fedor Dostoievski; La Divina Comedia, de Dante Alighieri, El Guardagujas, de Juan José Arreola; Respiración Artificial, de Ricardo Piglia y La Muerte de Virgilio, de Hermann Bosco, entre otros. Es un libro sobre enfermos terminales pero es también una novela en la que sus personajes cuentan historias como terapia, para exorcizar demonios o para sobrevivir, tal y como ocurre en El Decamerón, de Bocaccio y Las mil y una noches de Sherezada, obras que también se citan en La Casa Rosada.
 
Sin embargo, decir que es una novela sobre la muerte, los enfermos terminales y las historias que narran, dejaría por fuera el otro elemento clave en la obra de Orlando Mejía Rivera: su interés por la ciencia ficción. Antes de La Casa Rosada, Orlando había publicado en 1995 un cuento titulado El asunto García, que fue incluido en la Primera antología de ciencia ficción colombiana, en el año 2000. La Casa Rosada es una novela de ciencia ficción sin clichés de extraterrestres, marcianos, ni platillos voladores. Es una distopía o antiutopía que el autor ubica en un futuro cercano al momento de su publicación. La obra es de 1996 y los hechos suceden en 1999. Pero aunque cronológicamente hoy ya son hechos del pasado, la novela sigue teniendo una atmósfera futurista gracias a los escasos referentes concretos de tipo espacial o temporal: La Casa Rosada es un sitio aparentemente aislado, del que no entra ni sale nadie. El mundo exterior sólo habita en la mente y los relatos de quienes allí conviven de manera forzosa.
 
La Casa Rosada apareció antes de que se anunciara el «nacimiento» de la oveja Dolly, el primer mamífero clonado. Es una novela que se adelanta a hablar de clonaciones, cyborgs, fusión celular, y de manera sarcástica propone que la medicina pase a llamarse biotecnología cibernética. Quizás esta forma de anticipación de la literatura a las nuevas fronteras de la investigación científica, y la alarma que el autor enciende sobre los riesgos de la experimentación biomédica, sumados a la expectativa que en su momento pudo generar el cambio de milenio, expliquen en parte por qué la novela se volvió un libro atractivo para los jóvenes, a pesar de la dificultad para conseguir un ejemplar.
 
En la pasada Feria del Libro de Manizales Orlando Mejía Rivera dijo que hoy no volvería a escribir La Casa Rosada: ha aprendido técnicas narrativas y hoy tiene otro tipo de intereses. Sin embargo, eso mismo la hace para él una novela entrañable, pues evidencia el escritor que fue. Después vinieron otras novelas: Pensamientos de Guerra (1998), El Enfermo de Abisinia (2007) y Recordando a Bosé (2009), pero según cuenta el autor son numerosos los lectores que le han dicho que prefieren La Casa Rosada por distinta, por arriesgada y sincera, por ser profundamente humana: visceral, pluritemática e imperfecta. Y hoy, por fortuna, está nuevamente al alcance de todos.