Al "son" de Carlos Velásquez

Martín Rodas

La Manizales que me gusta siempre ha sonado a baladas, tangos, boleros, salsa y jazz. Mis recorridos por sus calles y barrios han sido como una eterna danza al ritmo de estas músicas ya clásicas y ancestrales, y mis huellas hacen eco del torpe “pasito tun tun” con el que me defiendo en todas las salidas que para azotar baldosa he realizado en la vida.

"Bohemio y tertuliante de Kien". Dibujo de Carlos Villegas "Segundo Quijano".

No conocí sitios de “goce” legendarios como Puertas de Hierro, El Dorado, Chucho Milonga, Azú; pero sí tuve el privilegio de asistir al ritual de la fiesta eterna en Arenales, cuando todos los días salíamos luego de nuestra jornada laboral en el diario La Patria, ya de madrugada, y nos metíamos en Tico Tico, La Bamba o donde el Marica Alberto, para apreciar la magia de danzarines y danzarinas que ahora deben estar bailando en las puertas del cielo, al lado de “Medialunas” y “Estrellas”.

También fui cliente de la mejor taberna que ha tenido Manizales en toda su historia, Kien, en la época de Orlando Sánchez, en donde locos, poetas, bohemios y mujeres hermosas hacían que este tránsito por la existencia fuera feliz.

Estoy seguro que la historia rumbera de nuestra ciudad es mucho más extensa que mis palabras, pero hago esta introducción para mencionar a una persona que ha sido testigo de excepción de todo esto y más, pues ahora está empeñado en la loable labor de difundir desde las ondas hertzianas nuestra tradición musical en diversos géneros.

Cotidianamente escucho a Carlos Velásquez en la emisora cultural de la Gobernación de Caldas, en su programa nocturno “Manizales en Clave de Jazz”, el cual disfruto por la manera como es conducido por este melómano de tiempo completo. Me comenta Carlos que esta producción es lo único que queda de los diez Festivales de Jazz de Manizales, de los cuales él fue el director académico, evento que trajo cerca de noventa y dos reconocidos jazzistas del mundo. Es lamentable para la ciudad la pérdida del Festival, pero nos queda su eco maravilloso en los programas de Carlos Vélasquez.

Él también tiene otros espacios en la radio manizaleña dedicados a los ritmos caribeños, como “Sones y Cantares” que se transmite los sábados de tres a siete de la noche en Caldas F. M. de la Gobernación de Caldas; músicas de las cuales también es un verdadero experto, producto de sus viajes a las mecas de estos géneros musicales. En sus búsquedas iniciales estuvo en el Caribe, en las islas más “sonantes” como Cuba y Puerto Rico, donde conoció grandes musicólogos, escritores e intérpretes como Helio Orovio, Leonardo Acosta, Cristóbal Díaz Ayala, Raúl Martínez, Frank Emilio, Ángel Díaz, Omara Portohondo y Tata Guines. En estas emisiones difunde la buena música del Caribe, mal llamada genéricamente salsa, pues son muchos los ritmos que surgen de las poblaciones caribeñas y costeras, incluyendo nuestras cumbias, currulaos y porros al lado de las guarachas, mambos, merengues, boleros y wawancós.

Carlos Velásquez es uno de los más importantes exponentes de la tradición melómana de nuestra región, que se extiende al norte del Valle, Quindío y Risaralda, en donde encontramos personas valiosas que le ponen el alma y el corazón a la preservación de nuestra memoria musical y cultural gracias a su colecciones de acetatos, Casetes, CD’s y además hacen la difusión en diversos medios de comunicación, lo que ha permitido la creación de públicos de todas las edades que aprenden a valorar nuestras riquezas musicales. La Unesco nos ha declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad y como parte de este acervo la música es uno de los tesoros fundamentales que poseemos y que debe ser impulsada día a día con el respaldo de las instancias públicas y privadas encargadas de apoyar nuestra identidad.

Deseo expresar mi admiración y reconocimiento a la labor que realiza Carlos Velásquez en la conservación de nuestra memoria musical y considero que su titánico trabajo consignado en más de mil programas de Jazz debe ser tenido como patrimonio cultural de Caldas y editarse para que se convierta en fuente primaria y de difusión para las nuevas generaciones que requieren urgentemente de proyectos que refresquen la tradición histórica de Manizales y les muestren que sus raíces son tan profundas y auténticas como los sones de Carlos Velásquez.