Anacrónica de la soledad

Martín Rodas “El Anacronista”

Soy fundador y miembro único del Club de Corazones Solitarios del barrio Hoyo Frío de Manizales. En mi calidad de presidente, secretario, tesorero, fiscal y vocal, he decidido por mayoría absoluta en la asamblea general de “socio” modificar los estatutos para que no se admitan más integrantes.

Aunque esta decisión causó revuelo, fue tomada para preservar la naturaleza de la asociación, ya que la soledad en su carácter de única, no debe ser compartida. En este sentido, mi compromiso es el de cumplir con el mandato de la asamblea general y seguir al pie de la letra el cambio establecido en la nueva normatividad.

Mis argumentos para someterme a este régimen se sustentan en una profunda convicción de que la soledad debe ser respetada y es también una manera válida de existir en el mundo, pues llega el momento en que tantos dolores y cicatrices lo obligan a uno a dar un paso al lado del camino y dejar que las otras personas continúen su tránsito junto a quienes han escogido por compañía. En mi caso y a estas alturas de la vida, intento desandar lo andado y buscar en mis huellas pasadas las semillas y los frutos que permitan reconstruirme desde los fragmentos que quedaron de la última debacle.

Como en la historia de nuestro planeta, yo también he vivido y sobrevivido a varias catástrofes, sobre todo sentimentales, las cuales me han permitido aprender a reconocer que no hay manera de superar estas pérdidas y que por más intentos que uno haga por olvidar y nacer de nuevo, siempre estarán los fantasmas de la nostalgia rondando los territorios de la memoria y del alma; entendí que es imposible luchar contra ellos, que es mejor dejar que fluyan y ejecuten su eterna danza en torno nuestro hasta que por gracia del tiempo o no sé qué, ni me interesa saberlo, dejen su carácter atormentador y se conviertan en suaves vientos que hasta la muerte harán parte del propio sistema climático de nuestro ser que nunca dejará de sufrir tormentas, ventarrones, rayos, centellas, pero también días soleados y noches despejadas y plateadas de luna llena.

Es por lo expuesto anteriormente que decidí fundar el Club de Corazones Solitarios del barrio Hoyo Frío, conmigo como único miembro y fiel cumplidor de sus estatutos; estrategia desesperada que encontré para enfrentar la soledad, la desesperanza y el miedo existencial que produce a veces el vértigo de viajar en esta microscópica partícula de polvo de estrellas que es nuestro bello planeta Tierra.