Andares por la ruta del Festival Internacional de Teatro de Manizales 2017

Fecha:
Dia:
Ninguno
Lugar:
 
Foto cortesía Festival de Teatro de Manizales
 
DEL GUSTO A LA PROVOCACIÓN
 
 
«El teatro tiene algo que nos permite a nosotros decir lo que queremos de una forma artística […] Te permite expresar con tu cuerpo, decir lo que quieres; así, de una forma directa pero también muy creativa. Puedes hacer una mezcla de todo: puedes mezclar un poema, poesía, canto, música, todo.»
Mary Cruz Cruel (El olvido está lleno de memoria / Teatro por la paz de Tumaco).
 
Olga Leticia Álvarez Cooper*
 
¿Te gustó la obra? Cómo reaccionar ante esta pregunta e ignorar el gesto (a veces parecido a una mueca) que desaprueba la respuesta. Cómo evitar juzgar porque alguien no comparte una opinión, vencer la tentación de etiquetar «loco» al otro por tener percepciones distintas. Pregunta cotidiana, inmediata y fácil que permanece en la superficie y desestima el proceso creativo entregado en escena. Antes que aludir al sentido del gusto, mejor complejizar interrogantes: ¿qué provocó?, ¿qué movilizó?, ¿qué dudas generó? Tales cuestiones posibilitan extender la charla comenzada en la sala teatral; obligan a reflexionar e interpretar, a convertir en palabras las afectaciones y ponerlas en juego con otros como un pretexto para propiciar encuentros y diálogos. Hablar sobre el acontecimiento teatral puede ser un buen momento para ejercer nuestra capacidad de sentir, pensar y expresar; oportunidad para practicar la empatía, para conocer lo que piensa y siente el otro, para hacernos cargo del rol activo que como espectadores jugamos al asistir a una obra.  
En ese sentido, tres son las preguntas que dirigieron nuestra atención como observadores del evento teatral ocurrido en días pasados en Manizales: ¿qué significa el teatro para los grupos participantes?, ¿qué les indigna, contra qué se oponen?, ¿qué desean o pretenden haciendo teatro? Los interrogantes anteriores sirvieron como guía de esta búsqueda emprendida en distintos foros anfitriones del Festival. 
¿Qué les significa el teatro? Identificamos que –en el imaginario de los creadores— el teatro es: arte comunitario, artificio para viajar a mundos fantásticos, dispositivo para volver extraños lugares cotidianos. Es peripecia dialéctica, ritual de reconciliación, contenedor de emociones colectivas, sitio para el diálogo. Herramienta metodológica que, a través de la creación de experiencias honestas y multisensoriales, promueve excursiones al mundo interior de los sujetos. También es fábrica de sueños, parque de diversiones, campo de juego. El teatro, metáfora encarnada, es ceremonia de acompañamiento, reunión intergeneracional, ocasión para tramitar duelos y celebrar sentimientos.
¿Qué les indigna, contra qué luchan? Estos creadores colectivos utilizaron el lenguaje del teatro como una suerte de vehículo para atenuar aburrimiento y desilusión. Confusión, decadencia, egoísmo, incomunicación, individualismo, indiferencia, marginación y represión son algunos de los muchos antagonistas de sus manifiestos. Prepararon en el teatro antídotos para la crueldad, bálsamos para las despedidas, ungüentos para el desamor. Les sirvió además para denunciar entornos laborales eficientes pero deshumanizados, escenarios de competencias, absurdos, hipocresías y afanes. Sus rivales en el cuadrilátero teatral fueron: miedo, invisibilidad, relaciones de poder, rutina, soledad, vacío, velocidad. Se mostraron inconformes con: el tejido social deteriorado, las violencias propagadas y la desesperanza, consecuencia de un porvenir entrampado. Confrontaron la insensibilidad que, de a poco, va habitando cuerpos y desactivando corazones. Desde distintos foros impugnaron los fármaco-remedios que tranquilizan conciencias; paliativos energizantes ingeridos por una mano de obra que, consumida, marcha al ritmo del sistema. Con sus obras se rehusaron a que de gris se pinten realidades y sueños. Por medio de sus creaciones expresaron preocupación ante el extravío de referentes, así como aflicción por el saldo deudor que prevalece en la cuenta de crédito de la palabra.
¿Mediante qué acciones creativas intentan esparcir luz sobre las sombras de nuestra época? Imaginación, música, cuerpo y palabra: artilugios elegidos para accionar la vida desde el escenario. El inventario de sus empeños traducidos en verbos es innumerable: acompañar, agitar emociones, alegrar, aliviar, analizar el entorno, apasionar, asombrar, anudar relaciones. De igual manera, pretenden: complejizar pensamientos, comprender, comunicar, concientizar, construir, criticar y con poesía cuestionar. Desean denunciar, descubrir otros mundos, dignificar la inocencia, desencadenar impulsos. No se olvidan de incluir en su misión: divertir, emocionar, entretener y estimular sensaciones. Buscan motivos para empoderarse, entender conflictos, evocar recuerdos y escapar del sinsentido. Les inquieta fomentar el cuidado de nuestro planeta y escarbar en la condición humana. Diseñan obras para invocar la alegría. Musicalizan y poetizan existencias, ponen a prueba certezas y tratan de mirar de frente al presente. Proyectan el teatro como refugio solidario donde se permite inventar, curar heridas y resignificar dolores. Aspiran a construir un paréntesis que suspenda la rutina, donde lo imaginario se revele. Brindan por la vida, proponen cabalgatas al encuentro de nuestras raíces y organizan campamentos lúdicos en territorios de paz. Sí, tienen miedo del tiempo que no detiene su andar, pero reconocen en ello su mayor potencia: la capacidad de transformar.
Como hemos visto, los propósitos expuestos por los creadores colectivos son ambiciosos. Pensamos que el lenguaje teatral no basta, precisa de la reacción de uno de los protagonistas imprescindibles de este arte comunitario: el espectador, quien interpreta, siente y completa la puesta en escena. El espectador no es inocente ni llega como un continente vacío a presenciar la obra. Los creadores hacen su parte, pero ceden la estafeta a quien observa para que sea éste quien finalmente aprehenda la poesía teatral y ensaye intervenir su propia realidad. Nos queda la certeza de que el arte escénico desencadena procesos a través de los cuales es posible ser y estar de otra forma en el mundo. Los teatristas abren el telón para el diálogo, aceptar la invitación de sentarse a la mesa a platicar nos corresponde. 
Decidimos dedicar este texto a reconocer la labor de los grupos participantes quienes –mezclando multiplicidad de formas y lenguajes— configuraron una ceremonia tan lúdica como reflexiva para interpelar convenciones, asambleas y reafirmar su adherencia a la consigna social del teatro. Creadores que por este medio combaten y luchan; que no se resignan ni desdeñan compromisos políticos y po-éticos. Mujeres y hombres que resuelven frecuentemente incógnitas relacionadas con los recursos materiales. Seres humanos que siguen creyendo en el teatro como arte para el encuentro donde es posible imaginar, representar y agenciar resistencias. 
 
· * Magister en Educación. Alumna del doctorado Estudios Latinoamericanos en Territorio, Sociedad y Cultura. Universidad Autónoma de San Luis Potosí, México. Proyecto de investigación: jóvenes, teatro y emancipación. Correo electrónico: llqper@gmail.com