Caldas tiene escritoras

Fecha:
Dia:
Ninguno
Lugar:

 Natalia Mejía Echeverry, Maruja Vieira White, Liliana Hurtado Sáenz, Gloria Inés Peláez Quiceno, Gloria Beatriz Salazar de la Cuesta.

 

Fátima Vélez Giraldo, Dorian Hoyos Parra, Berta Lucía Estrada Estrada, Beatriz Elena Robledo Botero, Johanna Patiño

#ColombiaTieneEscritoras

Adriana Villegas Botero

Con ocasión del Año Cruzado Francia-Colombia 2017 hubo una serie de actos orientados a difundir la literatura colombiana en Francia. A finales de octubre anunciaron el viaje de 10 autores nacionales a París, con el auspicio del Ministerio de Cultura. Todo iba bien (y sin duda los autores elegidos merecían ir) hasta que alguien notó algo esencial, pero invisible a los ojos acostumbrados a la discriminación: la lista de invitados estaba conformada solo por hombres.

A raíz de esta omisión, que según el Ministerio fue involuntaria, lo cual revela lo normalizada que está la invisibilización de las mujeres, más de 40 escritoras colombianas firmaron un manifiesto en el que pidieron políticas públicas claras para que los exiguos recursos públicos que se destinan a la cultura permitan reducir las brechas, no profundizarlas. Además, en redes sociales se promovió una fuerte campaña para hacer visible la obra de las escritoras, con la etiqueta #ColombiaTieneEscritoras, que coincide con otra campaña recientemente desarrollada en España bajo la etiqueta #HayMujeresColumnistas.

Entre las firmantes del manifiesto colombiano hay dos autoras caldenses: Fátima Vélez Giraldo y Beatriz Helena Robledo Botero. Fátima Vélez (Manizales, 1985) vive en Nueva York y es autora de los libros de poesía Diseño de interiores, Orillas, Diario del Refugio y Del porno a las babosas, y de dos novelas: Jardín de tierra fría y Galápagos. Por su parte Beatriz Helena Robledo (Manizales, 1958) vive en Bogotá y es una autoridad latinoamericana en materia de literatura infantil y juvenil con 15 libros publicados, entre los que se cuentan una biografía de Rafael Pombo y otra de La Pola.

¿Hay más escritoras caldenses? ¿Quiénes son? Como escribió recientemente en la Revista Arcadia el escritor Octavio Escobar Giraldo, hacer literatura desde la “provincia” es muy difícil y no dudo que esos obstáculos son comunes a hombres y mujeres. Es posible que muchos escritores caldenses se sientan ninguneados por el bogocentrismo. Sin embargo la campaña #ColombiaTieneEscritoras me parece una buena oportunidad para intentar hacer una lista de escritoras caldenses, que como todas las listas tiene el riesgo enorme de dejar nombres por fuera. El único objetivo es nombrar a algunas autoras caldenses de las que poco se habla y a las que poco se lee porque su obra casi no circula.

Novela, teatro y cuento

Caldas tiene poetas pero no únicamente. También hay narradoras y dramaturgas. A manera de ejemplo, Natalia Mejía Echeverry (Manizales, 1986), acaba de regresar a Colombia luego de vivir 9 años en Argentina, en donde este año logró la publicación de las novelas Once bombas antes de las cenizas y El sol y la rabia, así como del poemario Irse para adentro.

El año pasado la Universidad de Caldas publicó Seis formas de matar a una mujer, libro compilado por la dramaturga Liliana Hurtado Sáenz  (Bogotá) y Carlos Alberto Molano Monsalve, como resultado de más de cinco años de trabajo en el taller de dramaturgia de la universidad. El libro incluye textos de 10 autores entre quienes se están, además de Liliana Hurtado, Luz Catherine Castellanos, Elizabeth López Cárdenas y Estefanía Giraldo Ramírez. Liliana Hurtado, quien lleva ya bastantes años radicada en Manizales, ha escrito más de una docena de obras teatrales.

Una consolidada narradora caldense es Gloria Inés Peláez Quiceno (Manizales, 1956), autora de las novelas La francesa de Santa Bárbara, con la que ganó el Premio Nacional de Cultura de la Universidad de Antioquia en 2009, y Era mucho el miedo, publicada el año pasado por Ediciones Desde Abajo. Además escribió los libros de cuentos Roa Séptima con Catorce, Los exiliados del tiempo y Breviario del tiempo.

Gloria Beatriz Salazar de la Cuesta (Pereira) es una autora de libros para niños y jóvenes como Fortunato perdido en el Amazonas, y La ballena roja que se tragó una danta blanca, el cual fue presentado en la última edición de la Feria del Libro de Manizales.

Entre las novelistas caldenses de la primera mitad del Siglo XX hay nombres como Natalia Ocampo de Sánchez (Manizales 1880–1950), quien en 1932 publicó la novela Una Mujer y además escribió cuentos. Agripina Restrepo de Norris (Manizales, 1907), fue poeta y autora de las novelas Nelly, El Valle del Tesoro, La Taberna y Navidad, el drama Margarita y diversos ensayos. Fabiola Aguirre de Jaramillo (Manizales, 1919) fue ensayista y autora de la novela Dimensión de la angustia, y Helena Benítez de Zapata (Riosucio, 1919) escribió la novela Mi vida en estaciones.

Otro nombre para recordar es el de María Eastman de Molina (Supía 1901-Bogotá-1947), quien escribió numerosos cuentos para niños, algunos de ellos publicados en el libro El conejo viajero, editado en 1948, con ilustraciones de Lucy Tejada y Enrique Grau. También dejó una novela inconclusa sobre la vida escolar que conocía bien, ya fue maestra buena parte de su vida.

Ofelia Ramírez Gómez (San Clemente, Risaralda, 1930) es autora de 14 libros, entre los que se incluyen las novelas: Las travesuras de Marcelino, En busca de una estrella, Dalia, Cinco años de ausencia,  La enfermera y Buscando su príncipe azul. En 1995 el Instituto Caldense de Cultura, a través de la desaparecida Imprenta Departamental de Caldas, le publicó el volumen Los susurros del viento, con poemas y cuentos.

Docenas de poetas

La colección Un libro por centavos, que desde 2003 editan cada mes la Universidad Externado de Colombia y El Malpensante, lleva 140 volúmenes publicados y se ha convertido en uno de los principales vehículos de difusión de la poesía en Colombia. En 14 años del proyecto se han dedicado dos volúmenes a autores caldenses: Fátima Vélez y Maruja Vieira White (Manizales 1922).

El año pasado el Banco de la República publicó Las letras que nos nombran, revisión de la literatura del Viejo Caldas 1834-1966, libro en el que su autor Juan Carlos Acevedo aporta otro nombre a la lista de poetas destacadas: “La gran Maruja Vieira, tal vez la poeta más notable de todos los que tenemos en Caldas, advierte que estamos en deuda con Carmelina Soto (Armenia, 1916-1994) y es necesario que todas las jóvenes mujeres que ahora escriben —y los hombres también por supuesto— conozcan su obra”.

Dominga Palacios (seudónimo de Emma Gutiérrez de Arcila, Manizales, 1926), es otra de las poetas de renombre, con libros como Azul definitivo, Tiempo de chicharras y Del lado de mi corazón.

La abogada Dorian Hoyos Parra (Manizales, 1933) es una poeta reconocida por sus títulos Cantos intemporales, Gotas de rocío, Eros y Urano y Alma de gema pero además es autora de la novela Café y Ciudad, y de los ensayos El camino en la sombra y Cien años de soledad, coincidencias y similitudes.

Otra poeta y narradora es Berta Lucía Estrada Estrada (Manizales, 1955), quien ha publicado nueve libros, entre ellos los ensayos Náufraga Perpetua y ¡Cuidado! Escritoras a la vista, así como libros de poesía como La ruta del espejo.

A finales de los años 90 la Imprenta Departamental de Caldas y la Casa de Poesía Fernando Mejía fueron claves en la difusión de poetas locales. A finales de los 90 la Imprenta publicó los libros de poesía A merced de los andenes y otras lunas, de Mercedes Valencia Ocampo (Chinchiná, 1954) y El regreso de Camille, de Lucía Corrales (Manizales), entre otros. Con el cierre de la Imprenta y la Casa, la difusión de la poesía en Caldas se tornó más difícil.

La antología Poesía Caldense Actual, publicada por La Patria, el Instituto Caldense de Cultura y el Centro de Escritores de Manizales en 2001, incluyó a algunas de las ya mencionadas, así como a Luisa Marina Olaya Parra (Riosucio, 1969) y Martha Patricia Meza Quintero (Salamina).

En 2013 la colección de poesía Tulio Bayer, de La Nueva Editorial, publicó 30 autores, entre quienes se incluyen las poetas Sandra Viviana Romero Obando (Manizales 1985), Lorena Madrid (Manizales, 1984), Juana María Echeverri Escobar (Manizales, 1971) y Diana Andrea González Llano (Guacarí). Otras escritoras vigentes son María Carolina Urbano Guzmán (Pasto, 1974), autora del poemario Húmeda, y Jhoana Patiño López (Manizales), autora de Ébano.

La historia oficial

Durante muchos años el Manual de literatura caldense publicado en 1993 por Fabio Vélez Correa, Aliria Vélez Correa, Alba Sofía Rivillas y Martha Mejía Marín, fue la historia oficial de la literatura en el departamento. El manual incluye los nombres de 159 escritores hombres y 8 mujeres: ellas son la historiadora Luisa Fernanda Giraldo Zuluaga (Manizales, 1957), la narradora María Eastman y las poetas Agripina Montes del Valle (Salamina 1844-Anolaima 1915), Blanca Isaza de Jaramillo Mesa (Abejorral 1898–Manizales 1967), Maruja Vieira, Dominga Palacios, Beatriz Zuluaga (Manizales, 1934), y Gilma de los Ríos Tobón (Manizales, 1955).

Roberto Vélez Correa, hermano de Fabio y Aliria, autores del manual, publicó en 2003 la obra Literatura de Caldas 1967-1997, historia crítica. El libro dedica 16 de sus 434 páginas al capítulo “Poesía femenina en Caldas” en el que incluye a cuatro de las escritoras ya citadas y agrega a Guiomar Cuesta Escobar (Medellín, 1950), Rosalba del Socorro Sánchez Salazar (Manzanares – Manizales 2009) y Bertha López Giraldo, o Berthica Sarmiento (Manizales, 1955). El capítulo siguiente se titula “poesía cosmopolita” e incluye a seis escritores, todos hombres.

En un aparte del libro concluye lo siguiente, que transcribo para análisis de los lectores: “en los géneros narrativos la participación femenina es prácticamente inexistente, salvo el caso de Gloria Inés Peláez en cuento (porque en novela no aparece ninguna autora, al menos con una obra lograda al mínimo). Sin embargo, en poesía, la reivindicación de la mujer caldense escritora es total, tal vez porque la lírica es más compatible con la sensibilidad y apenas ahora nuestra digna dama viene a hacer uso de su poder creativo en la prosa, donde el nivel sintagmático exige una presencia del discurso horizontal racional, menos intuitivo que el vertical paradigmático de la poesía”.

Fabio Vélez Correa, con el antecedente del citado manual, publicó en 2014 el Diccionario de autores caldenses, que incluye el registro de 773 escritores: 670 hombres y 103 mujeres. Entre las mujeres hay 63 poetas, 27 académicas, docentes universitarias, historiadoras y ensayistas y 13 cuentistas y novelistas.

Caldas tiene escritoras, así como también tiene escritores. Su calidad puede ser buena, mala o pésima, pero para juzgarlo es preciso leer sus obras y los lectores son escasos porque los libros no circulan. Desde que desaparecieron la Imprenta Departamental de Caldas y la Casa de Poesía Fernando Mejía es muy difícil publicar aquí, y faltan concursos y políticas públicas que estimulen la visibilidad y edición de libros. En las universidades existen talleres y semilleros de creación, pero llegar con la obra escrita a un público que trascienda el aula de clase no es fácil, y en ese sentido resulta significativo que una parte de quienes más publican hoy no vivan en el departamento. Caldas sí tiene literatura hecha acá o por gente de acá, pero no tiene quién ponga esas obras a circular.