ENCUENTRO CON… Claudia Patricia Leguizamón

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Bailarina y coreógrafa nacida en Cali, fundó hace 25 años junto al Maestro Nelson Monroy el Taller de Ópera de la Universidad de Caldas, agrupación artística que se ha consolidado como referente nacional  dadas sus características de inclusión y educación y calidades estéticas. Conversamos con ella sobre su carrera artística y trayectoria en Manizales:

“Me gradué en Incolballet de Cali, además del bachillerato académico, en danza clásica, danza  contemporánea y folclor nacional. Mi mamá  toda la vida quiso ser bailarina pero en su época era mal visto por eso me advirtió un día ´mija usted se tiene que casar´. A mis 8 años de edad me llevó a ver la película ´La zapatilla roja´ y desde ese momento decidí que sería bailarina. Abrieron convocatoria en Incolballet, me presenté con 650 niños y pasé todos los filtros, solamente recibieron 40.

Terminé en Incolballet y entré a la Universidad del Valle a estudiar Licenciatura en Arte Dramático y al mismo  tiempo comencé a trabajar en la Fundación Ballet de Cali. En cierta ocasión  llegó alguien de Manizales a buscar hojas de vida porque querían crear la Fundación Ballet de Caldas anexa a la Academia de Ballet Olga Lucía, la mía quedó metida ahí, y también clasifiqué. Como todavía era menor de edad a mis padres les tocó firmar el contrato y me vine a trabajar por un año solamente,  porque en Cali estaba vinculada a Bellas Artes con la agrupación de muñecos Titiribeo,  muy reconocida en el país.

Mi trabajo en Manizales comenzaba a partir de las 3 de la tarde, así que toda la mañana la tenía libre. Abrieron por primera vez inscripciones en la Universidad de Caldas para la carrera de  Educación Física,  me interesó,  me presenté, pasé el examen y así fue como me quedé en Manizales.

Como tenía los sábados libres le plantee a un profesor que me dejara crear un grupo de baile, me dijeron que si y con el  compañero Federico Ramos,  iniciamos el Semillero Dancístico el cual  todavía existe bajo la dirección de la profesora Sol Beatriz López.

Estando en estas,  una persona le comentó al Maestro Nelson Monroy, quien también  recién había llegado de Bogotá y estaba en la tarea de crear tanto la Orquesta Sinfónica de Caldas como el Taller de Ópera, que había una persona que le podía ayudar en su primera propuesta escénica,  Bodas de Fígaro. Me llamó,   monté el baile incluido en la obra con estudiantes de Licenciatura en Música, escenas que se presentaron en la mitad de unos grados de la Universidad de Caldas el 18 de diciembre de 1991. Tuvimos lleno total con público cautivo.

Al siguiente semestre el profesor Monroy le propuso a la entonces decana de la Facultad de Artes, Maestra Oliva Manchola,  que me contratara por unas horas para trabajar con la ópera y creamos un grupo de extensión que es ahora Danzalab, el laboratorio de danza que todavía dirijo. Después me asignó la clase de folclor  en la Licenciatura y así alterné los estudios de Educación Física con la docencia en Bellas Artes.

El Taller de Ópera se creó por la terquedad del Maestro Nelson Monroy,  porque él consideraba que una forma de educar integralmente a un músico era poniéndolo en escena; decía que  los músicos son artistas escénicos y la ópera el mejor género porque en él que confluyen todas las artes. Les decía a los muchachos de la Licenciatura en Música: ustedes tienen dos opciones, o asisten  a clase de práctica coral o  aprenden a bailar, a cantar,  a actuar y montamos obras chéveres; los estudiantes le siguieron la corriente porque era una propuesta más divertida.  Desde ese momento yo me integré de tiempo completo. Formamos una agrupación que mostró  desde sus inicios productos de muy buena calidad y en el país se comenzó a hablar del proceso porque venían artistas invitados de Medellín, Bogotá, Cali y otras ciudades a complementar la nómina. Lo más novedoso era que teníamos  orquesta, coro y ballet integrados, lo que se convirtió en un referente para el país, pero más que eso,  por nuestra particularidad  artística, evidente en el hecho de que cada vez importamos menos gente, más bien estamos exportando.

Al Taller de Ópera pertenecen personas de diferentes clases y profesiones, desde amas de casa hasta artistas profesionales, niñas y niños desde 13 años y adultos hasta 70 años o más. Ensayamos todo el año y  los montajes los hacemos los sábados. Le apostamos  a la formación de la gente. El grupo de danza, o los actores y cantantes  están vinculados a  la Universidad, otro valor agregado del proyecto.

Entre nuestros principales propósitos está también que el público ame la ópera y descarte  la idea que es un espectáculo de  una señora gorda cantando. Las propuestas son diferentes, todas nos las inventamos porque tenemos como política no copiarle nada a nadie. El equipo de trabajo está conformado por el Maestro Nelson Monroy, quien es el director general. La Maestra Paula Andrea Leguizamón, artista plástica, quien hace escenografía y utilería. El Maestro Luis Felipe Millán, artista plástico, diseñador de vestuario. Claudia Patricia Leguizamón,  directora escénica y coreográfica.

El apoyo de la Universidad de Caldas ha sido incondicional  porque entiende  que  su misión es ir a la comunidad y una de las formas de hacerlo es  promoviendo el arte al alcance de todos. Una ópera en cualquier parte del mundo puede costar alrededor de 600 o 700 millones de pesos colombianos. Nosotros podemos decir que la hacemos con el 1% porque aprendimos  a utilizar el recurso.

Hemos realizado 51 montajes, algunos estrenos a nivel mundial,  con nuestro propio lenguaje.  Por el coro han pasado alrededor de 1.600 personas quienes  han repicado a sus familias lo que hacen en el taller y han llevado a las presentaciones a personas que no tenían en su imaginario lo que es una ópera y mucho menos se habían interesado en asistir.  Hemos mostrado nuestras producciones  fuera de Manizales en los teatros Colón y Jorge Eliécer Gaitán, Ópera al Parque en Bogotá y el teatro Pablo Tobón Uribe de Medellín.