La actualidad de la apocalíptica y la visita del Papa a Colombia

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Alberto Antonio Berón Ospina*
 
 
Walter Benjamin escribió en sus Tesis acerca del concepto de historia que, en nuestra época supuestamente moderna, la teología no goza de ningún éxito, pues se trata de un enano jorobado y feo que se tiene que esconder. Pero también lo que sabía el refugiado filósofo judío-alemán Benjamin,  era la importancia del pensamiento religioso para pensar las causas últimas del mundo y arrastrar así el favor de vastos sectores de la humanidad. A lo largo del siglo XX la izquierda, especialmente el materialismo histórico olvidó a ese enano jorobado, despreció el sentimiento religioso, por considerarlo poco científico. En cambio, el pensamiento llamémoslo conservador más “reaccionario”, ha apelado a Dios en el momento de buscar mover el sentir de las personas.
Tres papas han estado en Colombia durante el siglo XX. Cada uno ha correspondido a un momento distinto de la historia: El papa Pablo VI lo hizo en tiempos del Frente Nacional, en el año de 1968, tan significativo políticamente para el mundo. Juan Pablo II visitó a Colombia en el mes de julio de 1986, poco tiempo después de la erupción volcánica que destruyo el municipio de Armero, así como en el inicio de la llamada Guerra Sucia al interior del país. Cada papa vive un contexto histórico particular: el de Pablo VI fue la Guerra del Vietnam y los Movimientos de Liberación Nacional. Por eso el entorno del Concilio Vaticano II planteó a la iglesia una serie de cambios en su perspectiva social. Mientras el papado del Polaco Juan Pablo II se enmarcó en la caída del comunismo en Europa del Este, así como la radicalización de la economía global liberal y el individualismo; pero tenemos que el papado de Francisco I, así como su visita a Colombia, se producen a partir de un reconocimiento cultural por parte del pontífice, de la crisis ambiental planetaria y de la urgencia por salvar a la vida entera en el planeta del modelo destructor acumulativo extractivo que se impuso. Salvar vidas a futuro, implica también aprender a perdonar en el presente.
Su visita al país puede suscitar entre los sectores más tradicionales la incomodidad de que el príncipe de los católicos del planeta tierra, avale simbólicamente los acuerdos con el enemigo histórico de esas élites: las FARC. Los comentarios contra la visita papal de un personaje como el señor José Galat, no son expresiones delirantes anacrónicas, sino que cifran un modelo histórico de poder que estuvo presente en la colonia, en el hispanismo católico lleno de odio anti-liberal de Miguel Antonio Caro o en algunos de los planteamientos religiosos del ex procurador Ordoñez. 
Galat expresa por su canal Tele-amiga semanas antes de la visita del papa: el apocalipsis anuncia que se presentará un falso profeta que le hará juego al anticristo. Ningún Papa anterior a Francisco negó verdades de la fe contrarias al magisterio de la Iglesia como Francisco. Para Galat el papa legítimo es Benedicto XVI quien fue obligado a renunciar debido a una conspiración vaticana.  
El pensador italiano Giorgio Agamben, en el documento “Mysterium iniquitatis” que leyó en el año 2012 en Friburgo como reconocimiento al honoris causa en Teología, muestra en su reflexión las consecuencias que para la política y la democracia del siglo XXI llega a tener la renuncia voluntaria al papado por parte de Benedicto XVI. A diferencia de Galat que “presume” que el papa fue obligado a dimitir, la inteligente interpretación del  pensador del “homosacer” y de la “biopolítica”, muestra que la continuidad entre aquel lejano Celestino V y el papa Benedicto XVI dan prueba “…de un coraje que hoy adquiere un sentido y un valor ejemplares” (Agamben  Giorgio, El misterio del mal, Benedicto XVI y el fin de los tiempos, Adriana Hidalgo, México, 2013,p.11)  ya que Benedicto está enviando un mensaje para que aprendamos a renunciar de los poderes terrenales, generadores de tanto orgullo, soberbia y celo. 
Cuando se observan las posturas del Señor Galat se descubre que parte de su encono con el papa tiene que ver no solo con contradicciones de fe: se trata de su postura a favor de los acuerdos de paz con las FARC. Señalarlo de falso profeta que le abre el camino al anticristo, o de ser alguien que considera un mismo Dios, al Dios de católicos y evangélicos, le es inaceptable. Galat entiende los gestos del Papa para con los pobres, hacia otras comunidades cristianas, con la opulencia en ciertos sectores de la iglesia, como un abrirle camino “al sin ley”, al “anticristo”.  Pero lo que tras de eso se juega es que el Papa como emperador del vaticano haya avalado la importancia del “sí” en el plebiscito sobre los acuerdos con las FARC. Solamente esa acción rompe con posturas de silencio que en otro tiempo la iglesia pudo haber tenido con el Holocausto judío o con dictaduras del cono sur.  Pareciera ser que aquello que más aterra a este hombre, es que la favorabilidad del Papa por los acuerdos y su disposición de apoyarlos simbólicamente a partir de la autoridad de su visita a Colombia, desate el Armagedón que pueda conducirnos a un próximo castro-chavismo.
En nuestra esperpéntica sociedad colombiana, el mismo pánico lo expresan señoras y señores olorosos a chanel, que saben lo rentable que puede ser alentar los miedos, en una sociedad poco reflexiva, dúctil a ser administrada desde la ignorancia y la frivolidad. 
 
* Escritor. Doctor en Historia. Profesor Titular Universidad Tecnológica de Pereira.