Las letras que nos nombran

Fecha:
Dia:
Ninguno
Lugar:

Revisando la literatura del Viejo Caldas, de la mano de Juan Carlos Acevedo Ramos

Ángel María Ocampo Cardona

Juan Carlos Acevedo Ramos, con toda su juventud, se ha venido consagrando como una de las autoridades más reconocidas en Caldas y en el país en materia de producción y análisis de textos literarios.  Sus publicaciones nacionales e internacionales, sus premios obtenidos en exigentes tribunales literarios de Colombia y el mundo y su ya vasta producción poética y ensayística lo colocan  por encima de otros importantes intelectuales y críticos literarios que le han servido de referente a la historiografía del pensamiento caldense.

Su irrupción con criterio de profundidad y erudición en los diferentes géneros literarios, y su entrada en este ámbito, tanto en lo interno (poeta, cuentista y ensayista de aquilatado brillo) como en lo externo (reseñador, comentador e historiador imparcial de la literatura caldense), le ha merecido a Juan Carlos Acevedo Ramos el reconocimiento de la opinión letrada nacional, por haber asumido de tal manera, el encomiable rol de remozar las generaciones de escritores del eje cafetero que mantuvieron el hilo conductor del relato sobre el desarrollo de la inteligencia y de la cultura de esta importante parcela de la patria.

Con toda razón, el Área Cultural del Banco de la República ha escogido a Juan Carlos Acevedo Ramos para incluirlo dentro de los autores que llevan el inmenso honor de adornar con sus nuevas publicaciones  la apertura del nuevo Centro Cultural de esa prestigiosa entidad, remodelado en el área histórica de la capital caldense. Y para ello, el escritor Acevedo Ramos ha dado a la luz pública,  en bello formato, su nueva producción titulada “Las letras que nos nombran”, una revisión de la literatura del Viejo Caldas que abarca desde el año 1834, cuando se producen las primeras fundaciones antioqueñas en territorio del norte caldense, hasta 1966, cuando las condiciones políticas, económicas y sociales de la mariposa verde generaron su desmembración para dar origen a los Departamentos de Quindío y Risaralda.

 Así las cosas, en esta obra, escrita con un estilo fluido y ameno, en el que la sencillez del relato no demerita, sino que coadyuva a la comprensión en profundidad de lo que ha acontecido en esta región del llamado Viejo Caldas, el lector podrá entender claramente cómo se ha manifestado la Caldensidad, desde su literatura fundacional, encarnada en los mitos, leyendas, coplas, poemas, bambucos y pasillos que dejaron el testimonio de la construcción de los caminos, villorrios y caseríos, por obra de arrieros y colonos, pasando por la literatura de búsqueda, o sea la que se produjo en el período posterior a la formalización de la vida administrativa de Caldas como nuevo departamento con capital propia, donde los autores exploraron y conocieron los primeros intentos de globalización del conocimiento y de apertura del siglo XX, hasta lo que el autor denomina con razón, la literatura de consolidación, o sea la que se ha desarrollado en nuestro territorio, a partir de la separación de Quindío y Risaralda, y que según Acevedo Ramos ya está empezando a cristalizar con nombres y obras que vienen obteniendo el reconocimiento de los intelectuales dentro y fuera del país.

Al leer este agradable esbozo de la literatura del Viejo Caldas, el lector queda motivado para profundizar en cada una de las etapas revisadas por Acevedo Ramos, y con la expectativa de conocer lo que este joven e inquieto poeta investigador nos pueda decir en sus futuros libros sobre la literatura contemporánea de los caldenses.