Los Caminantes

Martín Rodas

Las montañas que circundan esta región privilegiada tienen la magia de la tierra ancestral y el paisaje evocador. Por doquier encontramos rutas que nos brindan el asombro permanente por lo imprevisible de su topografía y la riqueza de la flora y la fauna. 

Si queremos, podemos ser permanentes expedicionarios de nuestro propio patio, pues los lugares de los que hablamos están tan cerca de los centros urbanos que más parecen sus solares que tierras lejanas e inalcanzables.

En Manizales, podemos planear los viajes que deseemos a tierras exuberantes y ricas, a no más de media hora, a paso lento, “paisajeando”, como deben ser las verdaderas expediciones. Los puntos cardinales, desde nuestra capital, se presentan como dedos que permiten avizorar muy de cerca, las rutas de destino. Uno de estos puntos cardinales es un caserío que se puede divisar fácilmente; se trata de Pueblo Rico, asentamiento que sirvió como base de operaciones para la fundación de nuestra ciudad.

Allí se llega por la carretera a Neira, de donde parten varias vías de acceso que siguen el filo de la cordillera. El tránsito es calmado y pleno de satisfacciones paisajísticas, pues durante todo el camino se puede ver la silueta imponente de Manizales encaramada en las altas cimas de la cordillera Central; al occidente podemos divisar el valle del río Cauca y la cordillera Occidental en un horizonte lejano que hace volar la imaginación hacia mundos de misterio y aventura. Desde Neira hasta Pueblo Rico, los habitantes muestran una cultura campesina que ha conservado su riqueza de costumbres, como se refleja en la arquitectura de bahareque que se constituye en el conglomerado de construcciones de la colonización antioqueña mejor conservado de la región, con amplios corredores enchambranados y bellos solares sembrados de hortalizas, verduras y flores cultivadas con esmero y dedicación.

Al final de esta jornada se llega a una pequeña plaza situada al frente de la iglesia, para luego descender por caminos de herradura, en medio de humedales, guaduales y cafetales, hacia las vertientes del río Guacaica, que arrastra toda su imponencia por un paradisiaco cañón pintado de verdes de “todos los colores”. Allí, en medio del poder de la naturaleza y a medio camino entre el poblado y el río, queda “La Granja del Tío Ho”, de propiedad de Rubén Darío Galeano, impresor reconocido de Manizales y amante del campo, quien se ha empeñado en llevar adelante un proyecto ecoturístico que involucre a la comunidad en todos los aspectos sociales, culturales y económicos para un desarrollo autosostenible y amable con el ecosistema.

Esta aventura ha atraído a muchas personas de la zona y otros lugares del país, que le apuestan porque consideran importante asumir estrategias no depredadoras y alternativas al capitalismo. De este grupo hago parte como propietario de un pequeño predio que linda con “La Granja del Tío Ho” y que se llama “Tierradulce”, al cual viajo permanentemente en compañía de mi amigo León Darío Gil, enamorado también de los caminos y la tierra.

En estos recorridos, las personas nos reconocen y nombran como “Los Caminantes”, apelativo encantador que hace que la intención de nuestros viajes tenga pleno sentido con los propósitos que pretendemos llevar a cabo. Este caminar al lado de personas como Rubén Darío Galeano nos ha permitido comprometernos con estos proyectos, cada uno desde nuestras habilidades e intereses, y en nuestro caso los culturales; en lo editorial con “ojo con la gota de TiNta (una editorial pequeña e independiente)”, de la cual soy el editor, así como desde la escritura, la pintura y en general la creación que ejercemos como poetas y andariegos enamorados del suelo nutricio e inspirador.

Con Rubén Darío hemos tenido una gran amistad de mucho tiempo, fortalecida por el mutuo compromiso en asuntos del espíritu y la naturaleza, y ahora con la construcción de una utopía que es la “Granja del Tío Ho”, como posibilidad de convivir con nuestra pacha mama en el respeto, la humildad, la admiración y el eterno agradecimiento. El sueño emprendido por Rubén Darío es un compendio de sabiduría y experiencia y permitirá ser un piloto para que otras regiones de este paisaje cultural de la humanidad sigan las huellas de tantos caminantes que hemos hallado el verdadero “Dorado” en estas breñas bañadas por las sagradas aguas de nuestro río tutelar “Guacaica”.