“Pa’onde Mao”

Martín Rodas

Mauricio Zuluaga es un artesano que tiene su “parche”, Artesanías Zetaz, en la esquina de la avenida Santander con calle 59. Es un hermoso sitio que rebosa de las creaciones que “Mao” produce con dedicación y esmero.

 

Accesorios de semillas, plumas, madera, piedras y todo lo que naturaleza nos brinda; también bolsos de costal, de cuero, de tela y pintados a mano o con costuras en donde la puntada es visible y hacen parte del diseño. En fin, es mejor visitar y disfrutar en persona lo que este espacio encantado y su carismático propietario nos ofrecen.

Aparte de artesano, Mao es también un líder social y amante de la naturaleza. Su casa ubicada en el barrio Sinaí, es un espacio encantado que ha dispuesto como taller, vivero medicinal, microgranja y “hostal mochilero ecológico internacional”. Por sus habitaciones pasan los viajantes que de otros sitios del mundo buscan un espacio cómodo, auténtico y accesible económicamente a sus presupuestos ajustados.

Hace poco tuve la oportunidad de invitar a Mao y a su compañera Carolina a caminar por los lados de El Rosario, en donde poseo un pequeño terreno con casita campesina incluida y que tiene por nombre “La Divisa”. Para este viaje Mao convidó a uno de sus huéspedes, “Juanse”, un argentino que ha viajado por muchas partes del mundo y que estaba absolutamente maravillado con su visita a Manizales y los paisajes que le deparó la caminata hasta “La Divisa”, en donde hicimos un almuerzo “mochilero” que consistió en carne asada, sopa de lentejas, arroz, aguapanela y arepa, todo hecho en fogón de leña. Nuestros platos fueron hojas de plátano. También hicimos una pequeña minga para limpiar el lote, mientras el argentino tomaba fotos a diestra y siniestra embargado por el asombro que le producía el paisaje.

Hacer estos recorridos acompañado de personas tan compenetradas con la tierra y sus maravillas es una alternativa que se nos da todavía en esta sociedad capitalista, materialista y ahogada en el consumo; se siente que la libertad y la dignidad son posibles y que nuestras manos y nuestros corazones valen más que el dinero.

He conocido mochileros en muchas partes de Colombia y en los países que he visitado y los considero seres humanos de los cuales debemos aprender mucho, pues sus mochilas son las depositarias de un mensaje que invita a la confraternidad y la utopía. Ellos se atreven a ponerse las sandalias y salir por el mundo como estandartes de la humanidad, desafiando cánones sociales preestablecidos y demostrando que un mundo mejor es posible.

Por eso admiro tanto a Mauricio Zuluaga, “Mao”, quien también ha sido mochilero consumado y luchador incansable contra los prejuicios sociales. Lo conozco hace poco, pero día a día crece mi admiración por su sencillez, tenacidad y sabiduría, reflejada en las historias que día a día teje con sus manos y su palabra. Ahora, Mao emprende la aventura del hostal mochilero ecológico internacional, con mirador a la reserva de Río Claro, la reserva de Monteleón y Manizales; ofrece servicios de habitación, cocina, agua caliente, microgranja, vivero medicinal, taller artesanal, fogata, hamaca, con facilidades de transporte, pues hay seis rutas de buses. Como dice el eslogan de su hostal: “¿Estás cansao?, pues… pa’onde Mao. Severo parche y tan barato, $5 lucas la noche”. Bien por esa Mao y bien por los mochileros del mundo.