Poema del fútobl

Editorial

Quique Wolf
POEMA DEL FÚTBOL

Como vas a saber lo que es el amor
si nunca te hiciste hincha de un club.
Como vas a saber lo que es el dolor
si jamás el zaguero te rompió la tibia y el peroné
y estuviste en un barrera y la pelota te pego justo ahí.


Como vas a saber lo que es el placer
si nunca diste una vuelta olímpica de visitante.
Como vas a saber lo que es el cariño
si nunca la acariciaste de chanfle entrándole con el revés del pie
para dejarla jadeando bajo la red.
Escúchame... Como vas a saber lo que es la solidaridad
si jamás saliste a dar la cara por un compañero golpeado desde atrás.
Como vas a saber lo que es la poesía
si jamás tiraste una gambeta.
Como vas a saber lo que es la humillación
si jamás te metieron un caño.
Como vas a saber lo que es la amistad
si nunca devolviste una pared.
Como vas a saber lo que es el pánico
si nunca te sorprendieron mal parado
en un contragolpe.
Como vas a saber lo que es morir un poco
si jamás fuiste a buscar la pelota adentro del arco.
Decirme viejo... Como vas a saber lo que es la soledad
si jamás te paraste bajo los tres palos
a 12 pasos de uno que te quería fusilar y terminar con tus esperanzas.
Como vas a saber lo que es el barro
si nunca te tiraste a los pies de nadie
para mandar una pelota sobre un lateral.
Como vas a saber lo que es el egoísmo
si nunca hiciste una de mas
cuando tenías que dársela al 9 que estaba solo.
Como vas a saber lo que es el arte
si nunca, pero nunca inventaste una rabona.
Como vas a saber lo que es la música
si jamás cantaste en la popular.
Como vas a saber lo que es la injusticia
si nunca te sacó tarjeta roja una referí localista.
Decirme, como vas a saber lo que es el insomnio
si jamás te fuiste al descenso.
Como vas a saber lo que es el odio
si nunca hiciste un gol en contra.
Como, pero como vas a saber lo que es llorar
si jamás perdiste una final en un mundial
sobre la hora con un penal dudoso.
Como vas a saber, querido amigo,
como vas a saber lo que es la vida
si nunca jamás, jugaste al fútbol.

LA LIGA, REINVENCIÓN DE MI INFANCIA
Federico Díaz-Granados

No he podido determinar qué fue primero: si el fútbol o la poesía. Porque ambos iluminaron los ámbitos de mi infancia como instantáneas multicolores que inventaron y reinventaron en cada instante el asombro. Por eso cuando Javier Marías nos recuerda que “el fútbol es la recuperación semanal de la infancia” mi memoria se llena de gambetas, taquitos y por supuesto de goles o sea la síntesis misma de lo más lírico y verdadero.
Desde aquellos días he sido hincha del Independiente Santa Fe razón fundamental para haber conocido desde muy niño el esplendor y la dignidad de la derrota que fortaleció el corazón y templó el carácter. De ahí que las derrotas dominicales en el Estadio “El Campín” y las humillaciones del rival de patio fueran compensadas con los goles europeos que llegaban en diferido por la antena repartidora de La Florida, comentadas por Eucario Bermúdez y que, con ocho o diez horas de retraso, llegaban a nuestros televisores a través de Noticias Uno o Teledeportes. En esa señal diferida la poesía se trasladaba a las ligas italiana, inglesa y por supuesto española en una especie de lejanas imágenes que forjaban certezas y emociones que quedarían para siempre.
El Mundial España 82 fue la excusa para que llegara el primer televisor a color  a mi casa y con la complicidad de mi padre llené entonces el respectivo álbum de figuritas de Panini donde las láminas de Maradona y Zico eran las más difíciles de conseguir.  España 82 no era el campeonato de los latinoamericanos que no alcanzaron instancias finales razón por la cual todavía le debo a mi padre la apuesta que pactamos por la final: él iba por la Italia de Paolo Rossi y yo por la Alemania de Karl Heinz Rummenigge.
Después llegarían los días de mayor frustración. Colombia renunciaría a la organización de la Copa Mundial de 1986 y así se alejaba la posibilidad de ver en vivo y en directo a los héroes dominicales en las canchas de mi país. Así, “la recuperación semanal de la infancia” seguía siendo la señal diferida de los goles de las ligas europeas, los álbumes y los suplementos de los días lunes dedicados a los resultados futbolísticos internacionales.
La llegada de los futbolistas latinoamericanos a España siempre es como un nuevo Modernismo, un regreso de las carabelas que llenan de sentido y significado una lengua, una cultura y un juego. Así los jugadores brasileños, mexicanos, colombianos y peruanos llevan la danza y la alegría de sus naciones y los jugadores argentinos, chilenos, uruguayos y paraguayos, aportan la garra característica del cono sur del continente.
Los domingos en la noche mientras preparaba mis útiles escolares y mi uniforme para el día siguiente todo era maravilla. A las derrotas del Santa Fe la compensación eran los goles de Hugo Sánchez con el Real Madrid, algunas atajadas de Fillol y goles del “Polilla” Da Silva con el Atlético de Madrid y jugadas de creación del uruguayo Wilmar Cabrera en el Valencia. Luego llegarían los días del esplendor carioca en la madre patria con Romario, Bebeto y Roberto Carlos y, cómo no, mencionar la llegada de la legión colombiana comandada por Carlos Valderrama, René Higuita, Leonel Álvarez y Francisco Maturana al Real Valladolid y de Adolfo “El Tren” Valencia al Aleti. Todavía hace parte del anecdotario nacional aquel tiro de esquina en el Bernabeu donde Michel le toca los genitales a Valderrama ante la mirada de incredulidad y desconcierto de nuestro 10. Tuvieron que pasar dos décadas de aquello y de los festejos de Chilavert y el “Bam Bam” Zamorano para sentir como propio cada gol de Falcao en el Atlètico de Madrid.
Pero tal y como me lo recordó el entrañable maestro Héctor Rojas Herazo que  “uno es del lugar donde están los amigos porque son ellos quienes nos inventan” que confirmé las razones por las cuales Joan Manuel Serrat (Barcelona), Almudena Grandes y Chus Visor (Atlético de Madrid) trasladan sus afectos al Santa Fe en Colombia y al Boca Juniors en Argentina y el poeta Luis García Montero (Real Madrid) hacia Millonarios y River Plate respectivamente. Porque todos reconocen sus pares en el mundo. En mi caso aprendí a hinchar por el Granada CF porque lo he sentido lo más cercano a una novela de aventuras, a una saga épica donde la grandeza no se mide por los resultados y las posiciones en la tabla sino por la medida de sus fracasos y lealtades. La talla exacta del corazón. Después de leer No vuelvas a decir que es imposible –Tragedia y milagro del Granada Club de Fútbol- del joven poeta y sufrido hincha Fernando Valverde que supe, irremediablemente y para siempre, que el Granada sería el otro equipo de mi vida, porque, como me ocurre con la literatura, solo me interesan los asuntos que hablen de las fragilidades del hombre, de sus grandes interrogantes y sus pequeñas victorias personales. Así el Granada CF era la metáfora perfecta, el cante jondo, el verso andaluz y el abrazo postergado.
Y como buen hincha del Granada supe de aquella temible y legendaria defensa suramericana que integró las filas del club en los años 70: El paraguayo Pedro Fernández, el argentino Ramón Aguirre Suárez y el uruguayo Julio Montero Castillo, más conocidos como los Granaguayos. Temidos y respetados por sus rivales sabían ellos que si pasaba el balón nunca pasaría el jugador. Muchos jugadores de la época afirmaban que jugar en Los Cármenes era como ir a la guerra por la voluntad, agresividad y fuerza de esta defensa y mediocampo suramericano en tierras andaluzas.  El paraguayo Fernández lo justificaba: “El fútbol es para pobres. Con un balón nos entreteníamos 20 chicos mientras que el tenis costaba dinero. En las canchitas, en los potreros había muchos roces, mucho choque. Se aprende mucho. Se aprende a pegar, a sobrevivir”. Fernández fue el primer jugador sancionado en la Liga española por la ayuda de las cámaras de televisión. 15 fechas de suspensión después de aquella entrada al crack del Real Madrid Amancio Amaro a quien le rompió el cuadriceps.  Hace poco, a raíz de la muerte del “Negro” Aguirre Suárez se han revivido muchas anécdotas de esta época. “La Pareja quirúrgica” eran llamados Fernández y Aguirre Suárez por la prensa en hinchadas rivales pero sus nombres hacen parte ya de la mitología de afectos de los hinchas granadinos.
Son por todos los motivos mencionados que armo hoy mi cartografía de recuerdos para comprobar que, al igual que me pasa con la literatura, es desde  España donde conozco mejor mis tradiciones. Solo cuando los futbolistas latinoamericanos pasan por su liga los reconozco mejor en sus talantes. Alfredo Di Stéfano, Diego Armando Maradona y Leonel Messi son tan poetas como Joaquín Sabina cantando un Tango para Valdano o la “intuición del instante” de la noche de los cinco goles de Falcao en el Vicente Calderón al Deportivo la Coruña o como el autogol de Cristiano Ronaldo en Los Cármenes son hechos de total justicia poética y porque a través de esos raptos, de esos breves instantes de asombro mi infancia regresa y se recrea, reinventa y justifica llenando una vez más de certezas mi vida.

NIÑOS Y BALONES
Juan Carlos Acevedo Ramos


El fútbol es el deporte más popular que existe. Tiene miles de millones de seguidores en el mundo, tal vez tres mil millones, o más. No existe un solo país en el planeta que no tenga por lo menos un torneo aficionado. Los mundiales de fútbol, esto ya lo he dicho hasta la saciedad, son los eventos televisivos que más espectadores mueven en el mundo. Y podría mencionar cifras y millones de euros que se mueven alrededor del llamado deporte rey.
En la ciudad no ha vuelto a llover. El ambiente es seco, hay humedad, más de la normal. El cielo está gris todo el tiempo. El azul se borró hace semanas de la cúpula. Las tormentas eléctricas nos paralizan. Hay polvo en las avenidas y en los parques, sobre los autos y las fuentes. Un polvo sucio que se mezcla con ceniza volcánica. Las plantas se ven grises y tristes, las calles igual. La gente va de prisa como siempre. Debe ser la idea de una nueva erupción del Nevado tutelar que nos vigila.
El fútbol se volvió el deporte de multitudes y empezó a mover millones de dólares y euros y dejó atras los demás deportes. Pronto los denominados deportes de élites si quería seguir adelante tuvieron que dejar sus filtros y abrirse al pueblo, es decir, el tenis se popularizó y tuvieron campeonas negras, igual el golf y también el automovilismo. Necesitaban ganar dinero y adeptos y apalearon a dejar sus torres de marfil para poder ser competitivos en talento, recursos e ingresos. La publicidad, la tele, el llamado marketing generaba millones que el fútbol se guardaba, y si pensaban en deportes solo para ricos y nobles estaban perdidos.
Llega el amanecer de domingo. Tengo ansiedad. Son casi las cinco de la mañana y me revuelco en la cama sin conciliar definitivamente el sueño. En la vigilia empiezo a escuchar el ruido de la lluvia, leve, lejano. Uno que hace rato no escuchaba, una pequeña brisa que moja las calles de esta Ciudad Amarilla. El golpeteo de la lluvia aumenta con el paso del reloj. Ya no hay lluvia sino tormenta, se hace fuerte y de repente en la ciudad -al amanecer del domingo- un aguacero borra el rastro del polvo y la ceniza.
De nuevo la alarma del celular dice que es hora de ponerme en pie. Son apenas las 5 y 30 de la mañana. Si, de domingo y debo buscar el baño para salir a las seis rumbo a Zaragoza en el Norte del Valle. La lluvia cesa al salir de la ducha, el aguacero no dura más de cincuenta minutos, las calles limpias y las fachadas de las casas y edificios recién bañadas como yo, dan la bienvenida a la mañana de este domingo de fútbol. Voy a Zaragoza no precisamente en busca del calor del Valle sino del fuego que despierta el Deporte rey.
Para quienes no madrugan y se quedan encerrados en sus casas y sus camas los domingos, por pereza o por guayabo, les diré es mucha más la gente que busca como salir un día domingo a hacer algo (caminar, pasear los perros, almorzar fuera de casa, ir de pesca,  de paseo familiar o a matar el día eterno del domingo leyendo en parques), en fin, es mucha más de la que pueden imaginar entre sus cómodas cobijas.
Matias tiene seis años. Es activo, inteligente y de buen humor. Como todo niño le gusta dormir hasta tarde el fin de semana. Desayunar huevos en tortilla, choco tibio, queso, pan y jugo. Va al cole, le gusta el cine, leer, si señores, le gusta leer y lo hace como el mejor de su clase, también le gusta armar rompecabezas, jugar juegos de mesa como Derrota a tus padres y Pictography, juega Play Station siempre con el F.C. Barcelona y jamás lo he podido derrotar, elige bien su equipo cómo debe ser, dibuja bien y colorea mejor, adora la pizza y el pan, es de corazón enorme, cuida los animales y siente gran simpatía por los perros y los caballos y tiene un genio del putas cuando le sacan la piedra, se le ve feliz, canta y ríe y hasta inventa palabras, como por ejemplo, un día me dijo que yo era un Poetista. Les traduzco Poetista: hombre que escribe poemas. En general es un niño que todos queremos.
Salir de la ciudad es una rutina semanal en mi vida, para el norte, el oriente, el sur, el occidente. La mañana está fresca y un débil sol se entrevé a lo lejos. No hubo jugo de naranja. La prisa por no perder los buses y llegar a la hora de salida no dejó tiempo para el infaltable jugo. Llegué puntual a la cita, Carrera 21 Calle 27. El agua de la mañana limpió todo rastro de sábado y empiezo a ver gente que busca sus sitios de trabajo, sí, aunque no lo crean los dormilones de domingo, hay gente que trabaja el día de nuestro descanso. Los voceadores de periódicos se escuchan con gritos roncos y potentes. Somnolientos celadores avanzan casi como zombis por la calle y de repente frente a mí un grupo de niños vociferan. Están alegres, limpios, sin señales de sueño y llenos de vida.
La hora convenida no fue la de la salida. Salimos tarde hacia Zaragoza. Cruzamos sin más Caldas, Risaralda y entramos aún temprano al norte del Valle. No hubo tiempo para desayunar. De una registramos a los niños, fila para ingresar y estábamos allí en el Centro Recreacional Paloquemao. El motivo de la madrugada, del viaje y de la falta de desayuno no es otro al que se han imaginado: el partido de Matías. El pica´o en tierras extranjeras. Su primer partido fuera de Manizales.
Este torneo se organiza desde el norte del Valle y llegan niños de todos los estratos sociales, religiones y colores. Está el Deportivo Pereira presente y su escuela de fútbol, también la Fernando Uribe, la de Zaragoza, Campeones LANS de Manizales, el equipo donde juega Matías, y otros cuatro o cinco equipos más de Quindío y otros municipios del Valle que no logro identificar.
Canchas listas, nueve en total, árbitros preparados, técnicos en sus lugares y equipos con jugadores que van entre los cinco hasta los catorce años. Rivales que jugarán partidos de 25 minutos en las categorías pre infantil, infantil y pre- juvenil Dije tiempos de 25 minutos para evitar la deshidratación de este sol espeso, de este calor sin viento que derrite sombras y rostros. Lo demás son cerca de quinientos padres de familia, hermanos, tíos, primos y abuelos acompañando al niño de la casa tras el sueño de ser estrella de fútbol por unas horas o un día.
El fútbol es una pasión imposible de explicar. Es un juego de masas. Con él se aprende a amar, a odiar, a llorar, a desilusionarse, a reconciliarse, a triunfar, a perder, a gritar, a creer que todo puede ser mejor.
Cuatro partidos por equipo y luego piscina para refrescar los cuerpos y los pies que arden bajo el calor de Zaragoza, eso lo supe porque Matías en pleno partido busco a su mamá y le dijo:
 - Mami, me arden los pies. Luego  corrió tras el balón.
Nada importaba ya, iba por su cuarto partido y llevaba seis goles. Uno de ellos de cabeza, un golazo de un niño de seis años, uno que hizo que padres y jugadores lo felicitarán. La estrella este domingo se llama Matías. No hay Messi que importe, Falcao es un pobre aprendiz al lado de Matías, hoy en este medio día de domingo la estrella es él. Así que sus pies hechos llamas no lo van a privar de seguir jugando. No, él podría resistir el tiempo que faltaba para no dejar el equipo con un jugador menos. Un niño de seis años pensando en colectivo. Como un gladiador se enfrentó hasta el final al poderoso sol vallecaucano del medio día y venció.
Acaban los cuatro partidos -pactados a 25 minutos- con descansos de 20 minutos. Ganan dos de cuatro. Luego del almuerzo, llega la hora de la premiación y sin más, debemos regresar.
Matías duerme un poco, está reventado, como él mismo dice en el argot futbolero. Cómo no, si jugó cuatro partidos, nadó en una piscina para grandes, hizo recocha con sus amiguitos de equipo y de colegio. Ya no pudo más y se “dobló” junto a la medalla dorada que cuelga de su pequeño cuerpo, duerme en el bus que trae el equipo completo a casa. Mi novia y yo vamos junto a él recordando el madrugón, las carreras, la falta de desayuno. Hay una solo conclusión, ese gol de cabeza valió la pena, valió la salida a ver jugar el deporte más hermoso del mundo. El deporte rey. El deporte de multitudes. La beso y la felicito por ese niño maravilloso que tiene, ella se queda dormida.
Yo sigo pensando que el fútbol es el deporte más popular que existe. Tiene miles de millones de seguidores en el mundo, tal vez tres mil millones, o más. No existe un solo país en el planeta que no tenga por lo menos un torneo aficionado. Es una pasión, se lleva en la sangre, uno sufre mucho por el equipo y no importa, seguiremos hinchando más que nunca porque ni el mejor del mundo Lionel Messi, ni Juan Guillermo, ni Ribery, ni Robben, ni Agüero, ni mi querido Iniesta, ni Rooney serán mejores que el jugador de la casa: Matías.
Llego al final de día a la ciudad, vuelve el polvo y la ceniza y el sol de tierra fría y las horas de trabajo. Nada importa. El domingo junto a mi novia volveré a ver jugar a  Matías en cualquier cancha de la ciudad o del país y tendremos unas horas de felicidad.