El Tesoro Quimbaya

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Ninguno
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Una de las 122 piezas de oro del Tesoro Quimbaya

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Martín Rodas*

Me sentí muy alegre con la noticia que la Corte Constitucional ordenó realizar todas las gestiones necesarias para el retorno a Colombia de las 122 piezas de oro que el presidente Carlos Holguín regaló ilícitamente en 1893 a la reina María Cristina de Habsburgo-Lorena como un “presente” a la “Madre Patria” España por la celebración de la Gran Exposición Universal de Culturas celebrado en Madrid en 1892 y que conmemoró los cuatrocientos años del “descubrimiento” de América.

Este fallo tuvo el voto aprobatorio de mi gran amigo el magistrado de la Corte Constitucional, José Fernando Reyes Cuartas, quien con su reciente nombramiento en este alto tribunal ha sido clave en las decisiones que se han tomado para blindar jurídicamente el proceso de paz y ahora en este acto de reivindicar nuestra soberanía y dignidad. Inmediatamente me enteré de la noticia sobre el Tesoro Quimbaya me comuniqué con él para felicitarlo y expresarle mi agradecimiento, que sé es el de miles de colombianas y colombianos que nos sentimos muy bien representados por personas que como José Fernando pueden materializar nuestros más profundos anhelos. Me respondió que se sentía muy contento en su nuevo trabajo y que lo realiza con las más estrictas normas éticas, morales y jurídicas para el bien de nuestra nación.

Considero que esta decisión trascendental es la ocasión propicia para que se empiece a visibilizar la lucha de nuestros pueblos originarios por el respeto de su historia e identidad no como seres “descubiertos” sino como habitantes de primera categoría de estas tierras arrasadas por la codicia y la barbarie europeas, pues no debemos olvidar que la “conquista de América” ha sido el mayor genocidio cometido en la historia de la humanidad.

El Tesoro Quimbaya fue saqueado por guaqueros en el municipio de Filandia, Quindío, en el año de 1890; quienes desenterraron 430 piezas adquiridas luego por particulares y de las cuales el gobierno, con presupuestos públicos, compró las 122 que fueron regaladas ilícita y generosamente a la monarquía española por nuestro “eminentísimo” mandatario de la época. Paradójicamente más de cien años después, es a su bisnieta la canciller María Ángela Holguín, a quien tocará dar inicio a los trámites respectivos para la repatriación del tesoro.

Sobre este absurdo momento del acontecer internacional colombiano, de los muchos que han sucedido, quiero destacar la ilegalidad del acto cometido por el presidente Carlos Holguín al disponer de un patrimonio que, primero hace parte de nuestra riqueza cultural y por lo tanto no puede pertenecer a ninguna persona o institución, pues es de todas y de todos; y segundo, fue “regalado” sin tener en cuenta las normas legales.

A esto quiero recalcar un punto que no ha sido tocado en las noticias que se han difundido sobre el tema, y es que gracias a los recientes estudios etnolingüísticos de los maestros Guillermo Rendón y su recientemente fallecida esposa Anielka Gelemur, se ha descubierto que el pueblo Quimbaya no desapareció como se indica en los estudios tradicionales que desde los cronistas de indias lo pregonan, sino que pervive en una comunidad asentada en Riosucio, Caldas, en el territorio denominado La Iberia, en donde la población conserva el lenguaje y las tradiciones de sus antepasados Quimbayas. Propongo que sea desde esta etnia que se realice la reclamación por parte de Colombia, pues ellos, como herederos directos de los Quimbaya, son los verdaderos propietarios de estas piezas de oro forjadas al calor de sus prácticas sagradas y rituales, pues para ellos el oro no era símbolo de poder y riqueza, sino una manifestación de respeto y culto milenario al sol, la luna, la naturaleza y el cosmos.

En este proceso deberíamos acompañar a nuestros hermanos Quimbaya para que la devolución del tesoro sea parte de la reclamación de los pueblos originarios por ocupar dignamente un lugar en la historia de la humanidad, no como “descubiertos”, sino como culturas absolutamente ecológicas y por lo tanto más avanzadas que las huestes españolas y europeas que a sangre, cruz y fuego masacraron y saquearon no solo este tesoro y muchos otros, sino la dignidad, la cultura y esa forma de ver el mundo que hoy más que nunca necesitamos para salvar nuestro planeta de la devastación que está cometiendo ese otro aterrador imperio depredador que desde la monopolización y la hegemonizarían nos está convirtiendo en los zombis del consumo.

No olvidemos que el territorio Quimbaya comprendía parte de los departamentos de Caldas, Quindío y Risaralda, y que su expresión máxima de adoración era el Kumanday, nuestro volcán sagrado. Es por todo esto que la causa del tesoro Quimbaya debe convertirse un motivo común de lucha y resistencia hasta que regrese a nuestro suelo y a sus verdaderos dueños, y luego vengan las reparaciones, la justicia y la verdad que todavía no se han dado por parte de las potencias coloniales europeas y en nuestro caso particular España, para que esta historia terrible de saqueo de nuestros pueblos ancestrales no se pierda en la invisibilización y el olvido.

*     Poeta, anacronista, dibujante y pintor; editor de “ojo con la gota de TiNta (una editorial pequeña e independiente)”.