Tomás González, el cuentista

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A propósito de El Rey de Honka-Monka, El lejano amor de los extraños y El Expreso del Sol, de Tomás González.

Adriana Villegas Botero

Al escritor Tomás González (Medellín, 1950)  las reseñas lo catalogan como “el secreto mejor guardado de la literatura colombiana”, o como “el sobrino prodigio de Fernando González”, el autor de Viaje a pie. También dicen que es parco, que vive en una finca en Cachipay, Cundinamarca, alejado de la prensa y que no le gustan las giras promocionales de libros.

Tomás González administró durante un tiempo la discoteca bogotana El goce pagano y luego vivió casi 20 años en Estados Unidos, experiencia que quizás le dio una percepción particular para identificar giros idiomáticos del habla local. Es un maestro construyendo voces verosímiles de personajes cotidianos, tanto femeninos como masculinos. Una sensibilidad que le permite arrancar carcajadas y generar tristeza en una misma página.

Su libro más vendido hasta ahora es La luz difícil, su hermosa novela sobre la eutanasia, narrada desde el interior de una familia. Quien lea esta novela es posible que quede con ganas de buscar otros títulos del autor. Pero en un país en el que se lee poco, y en el que la lectura de cuentos es inferior a la lectura de novelas, es factible que haya lectores ávidos a los que no les lleguen noticias sobre la obra cuentística de este narrador magistral.

Hasta ahora Tomás González ha publicado tres volúmenes de cuentos: en 1987 salió El rey de Honka-Monka, reeditado hace pocos años; en 2012 apareció El lejano amor de los extraños, y en 2016 El Expreso del Sol.

El rey de Honka Monka incluye 5 relatos: "Verdor", "Aguaceros de mayo", "Viaje infinito de Carola Dickson", "Víctor viene de regreso" e "Historia del rey del Honka-Monka" (el cuento dice "del", pero el título del libro dice "de"...)  Algunos cuentos son tan largos y minuciosos que uno termina de leerlos y siente haber conocido a una nueva persona y a su entorno completo. 

Se trata de historias de personas "venidas a menos": de gente que tuvo mejores momentos en su vida que el presente desde el que se arman los relatos, que discurren en Nueva Orleans, en un caserío del Caribe colombiano, en Nueva York o en Cali. Son historias con una fuerte presencia de la naturaleza en forma de mar, río, montaña, viento, frío, calor o trópico, como elemento muy condicionante de la acción y de los personajes, y con visos de humor que ayudan a sobrellevar las tragedias cotidianas.

25 años después de la publicación de El rey de Honka-Monka apareció El lejano amor de los extraños, un libro con 20 títulos variados en longitud, en tema, en tono. Todos en torno al amor, o más bien al desamor, al amor frustrado, al desasosiego después del amor, a la soledad, a la vida sin-amor o a la búsqueda de amor. Y a través de esos amores y desamores, aparecen distintos escenarios que van de Colombia a Nueva York, República Checa, Chile o México, y diversas épocas. Por las páginas de El lejano amor de los extraños se pasean temas como el narcotráfico, el Palacio de Justicia o la "Violencia", que sirven de telón de fondo, más o menos lejano, para contar las historias diferentes, de las que particularmente destaco “Luz de tus ojos”, “Largo es el arte del olvido”, “Carti menguante” y “Las palmas del ghetto”.

En 2016 salió El Expreso del Sol, volumen que reúne 10 cuentos en los que los lectores frecuentes de la obra de Tomás González encontrarán algunas geografías recorridas en otras obras: el Urabá de Primero estaba el mar; el viaje en canoa de Temporal o fincas parecidas a la que en algunas entrevistas ha descrito como su morada, en Cachipay, Cundinamarca.

El Expreso del Sol guarda en común con los libros anteriores de Tomás González esa prosa sencilla, con las palabras que usamos a diario, describiendo sitios que el lector actual puede imaginar y situaciones que a cualquiera le podrían pasar. Se trata de una cotidianidad que no puede confundirse con simpleza y que al contrario es fruto de editar, borrar, eliminar todo aquello que le sobra a un texto para dejar solo lo esencial.

Sin embargo El Expreso del Sol resulta particularmente interesante dentro del conjunto de la obra de este autor por el interés de construir voces femeninas, de resaltar el habla de las mujeres y en general de darle protagonismo a ellas en casi todos los relatos. Tomás González crea en este libro diversos personajes femeninos, con variaciones y matices, que van desde el humor hasta el desamor, con verosimilitud y honestidad.

Palabras simples, historias comunes, que muestran la vida cotidiana sin grandes sobresaltos, con los odios y angustias familiares, con pequeñas venganzas y minúsculos desencantos. Los cuentos de Tomás González suelen ser relatos íntimos del ambiente doméstico, en los que no hay oscuros misterios para develar sino vidas corrientes que le sirven al lector para entender mejor a los demás. Dijo León Tolstoi que si bien “todas las familias dichosas se parecen unas a otras; cada familia infeliz es infeliz a su manera”. Podría haberlo dicho Tomás González, experto en narrar familias y en contar distintas variaciones del desasosiego.